Por Daniel Moreno C.
04 de Septiembre, 2026
Juegan Zverev y Halys, ya superan las cuatro horas de partido y la humedad de la noche neoyorquina no da tregua. El 4 de septiembre de 2026, el número dos del mundo termina imponiéndose en su segundo quinto set consecutivo del torneo, un partido que se cierra a las 2:15 de la madrugada bajo las luces del estadio que no paran de acosar.
Se trató de una lucha a muerte que los jugadores lograron sobrevivir hidratándose con agua y bebidas isotónicas. En las gradas, miles de espectadores hacen lo mismo, bebiendo algo bastante más singular. Se trata de un cocktail compuesto por vodka, limonada, licor de frambuesa y tres bolitas de melón que imitan, por cierto, a pelotas de tenis. Es el Honey Deuce, el ícono de consumo US Open, tal como las fresas con crema lo son para Wimbledon.

Ese trago que ven en las manos de miles de neoyorquinos es una de las tres historias distintas que, contadas en simultáneo, sostienen a este megaevento: Una cadena de suministro de melones, un taller de artesanos y las instalaciones de iluminaciones, todas las cuales permiten que este partido termine pasada la medianoche. Vamos por partes.
Que el US Open sea el Grand Slam de mayor asistencia e ingresos del año no es casualidad, hablamos de casi un millón de espectadores repartidos en dos semanas, muchos de ellos bajo los efectos del Honey Deuce.
Según Chris Studley, el director de servicios de eventos de la USTA, se trata del “cóctel más reconocible de todo el deporte”, y las cifras lo respaldan. En 2025 se vendieron más de 740,000 unidades, un récord que este año buscan romper, y que ya son más de 3.5 millones desde 2011. El torneo llegó incluso a servir casi 60,000 en un solo día, de acuerdo con Yahoo Sports.
La receta no ha cambiado mucho desde que el restaurador y mixólogo Nick Mautone la creó el 2006, inspirado en un honeydew (melón verde) que vio en un mercado de productores.
Las celebridades han hecho su parte para consagrarlo. La cantante Taylor Swift y su marido Travis Kelce fueron fotografiados con uno cada uno en la final masculina del 2025, y hace un par de años Serena Williams, quien pasó dos décadas compitiendo ahí sin haberlo probado nunca, se grabó a sí misma tomando (finalmente) su primer sorbo. Su veredicto, entre risas: que le pusieran tequila en vez de vodka, y que le cambiaran el nombre a “Honey Ad-in”. La calidad del nombre se la dejamos a ustedes.
Muchos ya se habrán cuestionado algo: En Nueva York no deben crecer melones, entonces ¿De dónde traen los necesarios para servir los cientos de miles de Honey Deuce que se venden?
El inicio de nuestra cadena se encuentra en la Turlock Fruit Company, un productor del Valle Central de California que cultiva honeydews de forma exclusiva para el Grand Slam.

Planta de la Turlock Fruit Company, ubicada en Turlock, California. Desde aquí, se cultivan y despachan todos los melones del US Open. Imagen: Terra Firma.
Desde allí, viajan hasta el Bronx y pasan a disposición de la cadena Baldor Specialty Foods, el proveedor que los recibe, los pela, corta y les da forma a mano, desde las seis de la mañana durante todo el torneo, y los transforma en los millones de bolitas que coronan cada vaso. En 2025, esa cadena procesó 38,500 melones para convertirlos en 2.3 millones de bolitas. Baldor lleva ya 16 años en ese rol, una relación más que consolidada.
Este es uno de los aspectos que más llama la atención, ya que un evento de tal magnitud podría diversificar proveedores para reducir el riesgo, pero que ha apostado por una relación de largo plazo con un productor dedicado y un procesador especializado. Esa apuesta por el single sourcing tiene sentido cuando la prioridad se encuentra en la calidad, estacionalidad y trazabilidad más que en el precio, y cuando 16 años de historial han demostrado que el proveedor cumple.
Si bien el masivo Honey Deuce se sirve en un vaso desechable, el sofisticado trofeo que levanta el campeón al final del torneo recorre un camino igual de artesanal. El encargado de esta ardua tarea es nada menos que Tiffany & Co., el cual fabrica el trofeo del abierto desde 1987, en un taller de orfebrería en Cumberland, Estado de Rhode Island.
Aquí, maestros plateros ocupan 66 horas de trabajo físico directo para moldear el metal de las cinco réplicas requeridas para cada cuadro (individuales masculinos, femeninos y dobles masculinos, femeninos y mixtos). El proceso inicia con el fundido y moldeado de 10 kilos de plata esterlina líquida, la cual después modelan a martillazos para darle la forma curva al trofeo. Una vez hecho esto, los maestros realizan un meticuloso grabado de los patrones fijos, imprimiendo un estilo neoclásico de sas en espiral. Por último, al trofeo se le hace un pulido exhaustivo para lograr el efecto “espejo”.

Además, desde 2023 los trofeos femenino y masculino tienen el mismo tamaño y peso, simbolizando el fin de una diferencia en la entrega de premios que existió hasta 1973, fecha desde la cual todos los tenistas ganan lo mismo, independientemente de su género.
La entrega definitiva de este se sella con una última firma, encargada a un platero especializado que viaja en los últimos días del certamen hasta el Arthur Ashe para grabar el nombre del campeón apenas termina la final sobre la réplica que se lleva el jugador. Recordemos que el trofeo original queda en manos de la USTA, el cual se actualiza cada año.
Además de un entrenamiento de élite y horas de desgaste físico, hay algo más que hace posible que partidos como el de Zverev con Halys terminen a las 2:15 de la madrugada. A diferencia de torneos con toques de queda como Wimbledon, en el US Open es costumbre que los últimos encuentros de cada día finalicen pasadas las doce, lo cual se debe a los 360 focos LED de alta potencia que iluminan al Court Central desde el 2016.
Esto, además de reducir el consumo energético en un 73% y eliminar buena parte del resplandor que antes molestaba a los jugadores, permite que el torneo cuente con la iluminación reglamentaria necesaria para la televisión de alta definición, asegurando desde lo alto de la superestructura de acero que sostiene el techo retráctil que el espectáculo continúe.
Mientras el melón viaja desde California y la plata se moldea en Rhode Island, en la cancha el cuadro se ha ido reduciendo de la forma menos esperada. Novak Djokovic cayó en primera ronda ante Mariano Navone mientras presentaba claras molestias estomacales. Stan Wawrinka, que se encuentra en el ocaso de su carrera, perdió 6-0 en el set decisivo frente a Matteo Berrettini y se fue eliminado del Grand Slam que alguna vez ganó.
Jannik Sinner ni siquiera llegó a jugar, ya que se bajó del torneo por una lesión de rodilla. Carlos Alcaraz, el campeón defensor, sigue en pie con una nueva melena larga que ha marcado tendencia, a la vez que busca repetir el título frente a rivales como Zverev, que ya lleva dos maratones de cinco sets a cuestas.
Miles de espectadores alzarán su Honey Deuce en las gradas del Arthur Ashe durante las próximas semanas. Pero solo un jugador podrá alzar la plata de Tiffany desde el centro de la cancha. ¿Quién será?

25 de Septiembre, 2026