Los monstruos protegen la canela: cómo la ruta de las especias inventó la geopolítica comercial y los monopolios

Los monstruos protegen la canela: cómo la ruta de las especias inventó la geopolítica comercial y los monopolios

Max Díaz Por Max Díaz

23 de Febrero, 2026

Dicen que Heródoto fue el inventor de la historia. El griego, proveniente de Halicarnaso, escribió un largo diario, compuesto por nueve volúmenes, en que recopilaba los testimonios, tradiciones y leyendas de los territorios más remotos para los helénicos: Egipto, Babilonia, Escitia y Libia. Para los griegos de la época, de hecho, la palabra historia tenía una traducción más cercana a estudio que a una línea de tiempo. Heródoto fue quien convirtió el estudio en un relato lineal de las acciones humanas. Y su libro se llamó, justamente, Historia.

Es en esos mismos textos que Heródoto relata la existencia de hormigas gigantes que buscan oro en la India; o la existencia del pájaro canelo: un ave mítica, monstruosa y enorme que anidaba junto a peligrosos acantilados y construía sus nidos con canela; una rama delgada que los pájaros recogían desde tierras prósperas y desconocidas, de un valor incalculable por su olor y su sabor. La sola existencia del pájaro convertía la extracción de canela en una misión suicida. Para esto, aseguraba el griego, los árabes descuartizaban bueyes y otros animales, los dejaban cerca del nido y los pájaros canelos, tentados por su instinto carroñero, tomaban los enormes trozos de carne para llevarlos hasta sus nidos. El peso de los bueyes terminaba por desarmarlos, y la canela comenzaba a caer desde el acantilado. Solo entonces podían recoger la especia.

Cinnamologus ilustrado en un bestiario francés del siglo XV.

Cinnamologus ilustrado en un bestiario francés del siglo XV.

Muchos acusaron a Heródoto de embustero o exagerado a lo largo de los siglos. Algunos detractores parciales de su obra, como Plutarco o Plinio el viejo, aseguraban que esas historias no eran mitos reales, sino mecanismos de control para mantener el control sobre los precios de productos locales. 

No es sorpresa que el pájaro canelo no haya existido, y que el diagnóstico de Plinio haya resultado correcto. Y es que hablar de las especias es hablar de valor, guerra, geopolítica y fragantes monedas de cambio. Factores que se cruzaron en la humedad del Sudeste Asiático o en las estepas más áridas de Asia Central.

A pie sobre la ruta

La ruta de las especias fue una red orgánica y dinámica de senderos terrestres y corrientes marítimas. Los caminos conectaban al Lejano Oriente con los centros neurálgicos de Europa. Aunque su origen más primitivo es imposible de rastrear, sabemos que las antiguas civilizaciones relacionaban ciertos olores con experiencias sagradas. Una conexión con los dioses, los estados más desarrollados de la experiencia humana o la belleza. Para los egipcios, por ejemplo, la canela, el incienso y la mirra eran insumos obligatorios para los ritos funerarios; y de acuerdo al relato popular, Melchor, Gaspar y Baltazar llevaron oro, incienso y mirra a Jesucristo.

Mosaico bizantino que muestra a los reyes magos llevando sus ofrendas.

Mosaico bizantino que muestra a los reyes magos llevando sus ofrendas.

Mucho antes de esto, los fenicios se alzaban como los primeros referentes del abastecimiento. Entre los siglos XIII y IV a.C., su capital, la ciudad de Tiro, era el centro del comercio mundial. El dominio marítimo de los fenicios les permitía mover productos por todo el Mediterráneo. Las especias eran su oro, y la información la bóveda que lo resguardaba. Mucho antes de Heródoto, los árabes fueron los primeros en difundir relatos fantásticos sobre monstruos que traían el suministro de lugares impensados e imposibles. 

Los fenicios eran los distribuidores marítimos primarios. Sin embargo, los nabateos, los romanos y los árabes también tenían sus propios sistemas de distribución y estrategias logísticas. 

Para el siglo II a.C., el ejército romano completaría una exitosa campaña en Asia, de la que volverían a Roma rebosante de tesoros. Los humanos, por ejemplo, fueron cocineros expertos de rincones recónditos del continente. Gracias a esa expedición y sus chefs, la pimienta, la nuez moscada y la canela se convirtieron en productos regulares en cocinas, hospitales y ceremonias. Nerón hizo su entrada triunfal a Roma recibiendo una lluvia de azafrán.

Descubrir y perder

Sin embargo, la caída de Roma destruyó las rutas y relaciones comerciales. Para la Edad Media, las especias habían alcanzado precios escandalosos, y habían pasado a convertirse en un excéntrico lujo reservado para las personas más poderosas. Los musulmanes controlan las rutas hacia el Oriente y siguen creando relatos para que los europeos, aún ignorantes sobre la plantación y cosecha de las especias, prefieran seguir pagando varias monedas de oro por los tesoros del olor.

Los islámicos, mientras custodiaban las especias, aprendían a darles usos más amplios: la pimienta, el cardamomo y el jengibre se convertirían pronto en materiales básicos de los manuales médicos, y sus capitales comerciales comenzarían a acumular más especias que sus tierras de origen. 

El jengibre se convirtió en un ingrediente básico para los manuales médicos.

El jengibre se convirtió en un ingrediente básico para los manuales médicos.

Con los usos medicinales, también comenzaron a llegar ciertos descubrimientos de la mano de las especias. En la Europa medieval, las dietas eran monótonas y dependían de la conservación de alimentos salándolos. La pimienta, el clavo y la canela permitían disimular los sabores de la comida ligeramente descompuesta y funcionaban como conservantes naturales. Los europeos, a su vez, también comienzan a desarrollar sus propios tratados médicos. En algunos, aseguran que las perlas pulverizadas y mezcladas con especias previenen el envejecimiento; también encuentran en la canela un remedio natural para la fiebre

La ruta de las especias comenzaba en las Islas Molucas de Indonesia —célebres y conocidas como Islas de las Especias—. Desde Molucas, las especies se movían por el Índico hasta puertos de la India, como Calicut. Tras atracar, la distribución se dividía: algunas embarcaciones tomaban el Mar Rojo apuntando hacia Egipto y el Nilo, mientras que otras cruzaban el Golfo Pérsico para atracar en Alepo, Damasco o Constantinopla. Al final del camino, los mercaderes italianos, principalmente provenientes de Venecia o Génova, recogían la mercancía para distribuirla por Europa. 

La ruta del category management

La pimienta negra fue, indiscutiblemente, la especia más importante y demandada del mundo. Originaria de la costa de Malabar en Italia, su demanda en Europa era tan regular que podía utilizarse como moneda para pagar impuestos, rentas o dotes matrimoniales. La pimienta negra era tan importante que un saco podía valer más que la vida de un esclavo en un mercado medieval. Para los remitentes indios, era un cultivo agrícola próspero; para los europeos, un activo financiero.

Si la pimienta era el activo de alta circulación, el clavo y la nuez moscada representaban la restricción y el lujo. El clavo provenía exclusivamente de las Islas Molucas, y la nuez moscada de las Islas de Banda. Su restricción para ser obtenidas las puso como especias exclusivas. La nuez moscada llegó a valer más que el oro, y sus atribuciones llegaban hasta, supuestamente, curar la peste bubónica. El control de las islas fue una jugada envidiable para el Procurement europeo de la época, que llegó a impulsar y financiar viajes de exploradores como Francisco Serrão y Hernando de Magallanes para encontrar una ruta directa al clavo y la nuez moscada.

Francisco Serrão se convirtió en uno de los grandes exploradores que salieron en búsqueda de las especias.

Francisco Serrão se convirtió en uno de los grandes exploradores que salieron en búsqueda de las especias.

Por su propio lado, la canela, el jengibre y el azafrán eran una especie de sofisticado exotismo. La canela, obtenida de la corteza de un árbol en Sri Lanka y China, representaba la hospitalidad y brindaba un estatus aristocrático. El jengibre era venerado por sus propiedades afrodisíacas y digestivas —tanto así que llegó a ser una de las primeras especias en ser cultivadas a escala masiva para su exportación—. El azafrán, por su parte, era el único de estos productos que se exportaba desde la Europa mediterránea hacia Oriente, donde valoraban su uso para teñir ropas y en la industria farmacéutica.

No hay ruta sin transporte

El transporte de las especias fue, probablemente, el contexto más próspero para la innovación en la historia de la movilidad humana. El territorio tenía desafíos como desiertos inhóspitos, caminos acechados por bandidos, y mares llenos de piratas y vientos impredecibles. Si algo tenían todas estas características en común, es que demandaban un desarrollo tecnológico constante.

Antes del dominio marítimo europeo, las especias cruzaban Asia en largas caravanas de camellos y caballos. Estas redes dependían de los caravanserais, posadas fortificadas situadas a un día de viaje de distancia, donde los mercaderes podían descansar, intercambiar información y proteger sus valiosas mercancías de los bandidos. Un viajero normal se tardaba cerca de tres meses en cruzar estas rutas, mientras que los correos reales, con sus eficientes sistemas de postas, podían llevar mensajes en solo nueve días.

Caravanserai de Izadkhvast.

Caravanserai de Izadkhvast.

Si bien civilizaciones como la egipcia y mesopotámica ya habían incursionado en el transporte fluvial por el Nilo y el Éufrates, permitiendo mover volúmenes de carga imposibles para una carreta, el verdadero cambio en la ruta de las especias llegó cerca del siglo XV. Fue entonces cuando apareció la carabela portuguesa: esta embarcación ligera y dotada de velas latinas, podía navegar contra el viento y navegar por aguas desconocidas de manera independiente, rompiendo la dependencia de la navegación de cabotaje. Para cuando la carabela logró instalarse en las aguas europeas, las mercancías pudieron moverse entre Europa y la India en seis meses.

Con la estabilización de las rutas, se fueron sumando otras mercancías al portafolio de transporte. Los barcos que volvían de Oriente comenzaron a descargar cajas llenas de seda, porcelana china, marfil, piedras preciosas como el lapislázuli y textiles finos. Muchas antiguas compañías descubrieron así el concepto de la diversificación, una práctica que les permitía optimizar sus viajes y reducir riesgos financieros al no depender solo de una materia prima.

Nadie es inmune a la crisis

Si bien el siglo XV llegó con importantes avances para la logística, distribución y hasta le dio a los mercaderes nuevas formas de viajar, también fue el siglo que dio inicio a las crisis geopolíticas de la ruta. El año 1453, Constantinopla cayó en manos del Imperio Otomano. La nueva administración mandó a cerrar las puertas en la cara a todos los mercaderes cristianos, un evento que hoy es reconocido por los historiadores como el catalizador para la Era de los Descubrimientos. Los precios en Europa se dispararon, y las mercancías provenientes de India llegaron a encarecerse en un 1,500%. Ante el bloqueo, la corona portuguesa envió a Vasco da Gama a Oriente. Su misión era encontrar un acceso directo a la fuente, eliminando a los intermediarios árabes y venecianos. Dos años antes del final del siglo, en 1498, Da Gama atracó en Calicut, donde se llenó las manos de especias y ambición, y sentó las bases para el primer monopolio global europeo.

Vasco da Gama retratado por Gregorio Lopes.

Vasco da Gama retratado por Gregorio Lopes.

Los años no pasaron en vano. Para el siglo XVII, el comercio había pasado de ser una empresa de exploradores a convertirse en un negocio corporativo. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) y su contraparte británica (EIC) fueron las primeras multinacionales de la historia con poderes soberanos. Estaban facultadas para declarar guerras, acuñar moneda y construir ciudades. La VOC, en particular, logró un control tan estricto sobre el clavo y la nuez moscada que quemaba los excedentes de producción en las islas para mantener los precios altos en Europa, una táctica agresiva que atentaba contra su propia gestión de inventarios, algo que hoy consideraríamos un escándalo ético y, probablemente, con consecuencias regulatorias. 

Pero la ambición de las multinacionales no se construyó de la noche a la mañana. Fue, más bien, un proceso progresivo liderado por la codicia de navegantes y virreyes. Alfonso de Albuquerque, también conocido como el César del Oriente, comprendió que dominar el comercio necesitaba fortalezas en los cuellos de botella de las rutas. Conquistó Goa, Malaca y Ormuz, asegurando que ningún fardo de pimienta cruzara el océano sin pagar tributo a Portugal. Otros, como Francisco de Serrão, prefirieron la integración: tras naufragar, se convirtió en consejero del sultán de Ternate, viviendo como un local para asegurar el flujo del clavo hasta sus aliados portugueses. 

La ruta moderna: de la carabela portuguesa al siglo XXI

Hoy en día las especias se han convertido en productos cotidianos. Los encontramos en cocinas y pasillos de supermercados y, salvo ciertas excepciones, sus precios suelen ser bastante accesibles. Ya no las usamos para curar bacterias y se convierten más en apoyos culinarios y homeopáticos. Vivimos con ellas de una manera tan cercana como desprendida, sin embargo, la infraestructura que las transporta enfrenta desafíos que vienen haciendo eco desde el siglo XV. Básicamente, su problema más considerable, es que la ruta siga siendo uno de los espacios más disputados del planeta. 

Realidades y nuevos cuellos de botella

Los mismos estrechos que Albuquerque fortificó hace 500 años, hoy siguen siendo puntos críticos para la economía global. El Estrecho de Malaca concentra la mayor afluencia comercial del mundo, siendo una arteria vital para China e India. Sin embargo, la geografía sigue siendo vulnerable a pesar de su importancia. En 2024, las tensiones en el Mar Rojo y los ataques en el estrecho de Bab-el-Mandeb, redujeron el tráfico por el Canal de Suez en más de un 50%, obligando a las navieras a rodear África —al igual que Vasco da Gama—. Este desvío añadió 400,000 dólares adicionales en costos de emisiones por cada viaje y retrasó las entregas durante semanas, impactando en el costo total de lo que consumimos. 

Vista marina del Estrecho de Malaca.

Vista marina del Estrecho de Malaca.

Comunidades y desarrollo urbano

El legado de la ruta sigue con vida en las ciudades que fundó. Lugares como Singapur, Dubái y Mumbai son la evolución de los antiguos puertos de las especias. Singapur ha construido su soberanía en base a ser un nodo indispensable del suministro global, utilizando su ubicación estratégica en Malaca como un escudo geopolítico. Mientras que en Dubái se construyen puertos libres, como Jebel Ali, sobre antiguas rutas de perlas e incienso, en la India se protegen las plantaciones de Kerala como patrimonio de la humanidad.

El suministro del futuro para un producto del pasado

El desafío actual para el Procurement de las especias, como el que enfrentan compañías de la talla de McCormick u Olam, se funda en la transparencia de la cadena de suministro. Hoy en día, los consumidores demandan especias ecológicas, cultivadas sin pesticidas y bajo prácticas de comercio justo que protejan la biodiversidad de las regiones históricas. La digitalización, a través del Internet de las Cosas (IoT) y satélites, hoy hace realidad el sueño de los fenicios: una visibilidad total del gasto y del movimiento de la mercancía, desde la raíz en Indonesia hasta la mesa en Latinoamérica

Plantaciones de té en Kerala.

Plantaciones de té en Kerala.

La Ruta de las Especias se construyó en base a dos activos de gran valor: el primero, y más lógico, fueron las especias; el segundo, la resiliencia. A pesar de las guerras, enfermedades y cambios tecnológicos, el flujo de los aromas jamás se ha detenido. Hoy en día, el Procurement sigue exigiendo lo mismo que a los antiguos mercaderes de Tiro o Venecia: navegar la incertidumbre, tender puentes entre las culturas y asegurar, ante todo, la continuidad del suministro.

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