Este 29 de julio llega Spider-Man: Brand New Day, la séptima aparición de Tom Holland como Peter Parker en apenas diez años. ¿No será mucho? En Hollywood, donde el público de incluso los superhéroes más poderosos empiezan a mostrar señales de agotamiento, Spider-Man vive en un multiverso paralelo al del resto del género, como los de las últimas películas del universo Marvel. ¿Cómo es esto posible?
Durante casi dos décadas, Marvel convirtió las películas de superhéroes en fenómenos globales, con cada estreno convirtiéndose en una conversación transversal, cultural y que trascendía a los fans de los cómics originales. Sin embargo, después de varios éxitos de taquilla, llegó una sobreproducción de películas, series, spin-offs, multiversos, personajes secundarios, comenzando así una decadencia comparable a la caída del Imperio Romano.
El público empezó a mostrar cansancio, algo confirmado por los números de la recaudación. Madame Webb (2024) recaudó apenas 100 millones de dólares con un presupuesto de 80 millones, y su protagonista Dakota Johnson admitió públicamente que fue una experiencia negativa que no piensa repetir. The Marvels (2023) se convirtió en uno de los mayores desastres financieros en la historia de Disney, con pérdidas superiores a los 100 millones de dólares netos. Otro ejemplo es Kraven the Hunter (2024), que cerró su ciclo comercial con 71 millones en contra.
Aunque hay excepciones como Superman (2025), el reciente estreno de su co planetaria Supergirl de DC confirma la vigencia de esta tendencia, recaudando hasta el momento apenas 117 millones, con un presupuesto de entre 170 y 180 millones. un ejecutivo del estudio declaró de forma anónima que “a la Generación Z ya no le importan las películas de superhéroes.”
En esta escenografía de pérdidas millonarias y un desinterés colectivo creciente, hay un oasis infestado de telarañas que se resiste a esta fatiga: bebiendo del manantial se encuentra Peter Parker.
A muchos de pequeños nos llamaba la atención la capacidad de Spider-Man para adherirse a las paredes y disparar telarañas, pero ahora su gracia parece haberse trasladado hacia atributos más corrientes.
Peter Parker tiene problemas con los que muchas personas se sienten identificadas: deudas, culpa, soledad, relaciones que se complican, decisiones equivocadas y la sensación permanente de no estar a la altura de lo que se espera de él. En contraste, Batman es un millonario traumatizado, Superman es básicamente un dios excesivamente virtuoso y Iron Man era un genio irreverente con demasiado ego y dinero.
En cambio, este es un Spider-Man llega tarde a clases, no sabe cómo hablarle a la que le gusta y trata de salvar el mundo con un presupuesto de estudiante, el cual es, básicamente, casi inexistente.
En Brand New Day, Peter vive solo en un mundo que ya no recuerda su nombre y se dedica completamente a combatir el crimen cargando con el peso de todo lo que ha perdido. Es el mismo modus operandi de siempre, porque y funciona.
Tenemos a la vista un fenómeno muy interesante: Spider-Man ha tenido tres versiones cinematográficas en veinte años y ninguna de ellas parece sobrar. Tobey Maguire dio vida a un Spider-Man fotógrafo y que fue rostro de la responsabilidad y la tragedia, un Peter más adulto en su tono, marcado por la culpa y el sacrificio, que conectó perfectamente para la audiencia de principios de los 2000. Que muchas de sus escenas se hayan convertido en memes tampoco le hizo daño a la imagen de Parker.
Por su parte, Andrew Garfield lo convirtió en el más carismático y romántico de los tres, con una energía más irónica y una intensidad emocional que encontró su mejor expresión en la relación con Gwen Stacy, y que una generación entera reivindicó ruidosamente cuando volvió en No Way Home.
Tom Holland trajo la juventud, la inexperiencia y la mentalidad de fan, junto con un Peter que comienza su historia en la secundaria y que reacciona con el mismo asombro que tendría cualquier espectador al conocer a Iron Man. Como un joven cualquiera busca aprobación y quemadura lentamente ante los ojos del público, lo que a su vez hace que la audiencia crezca con él.
Cada uno encontró una manera distinta de hacer reconocible al mismo personaje, algo que también ha permitido que Spider-Man funcione como película de acción, como comedia, como romance, como tragedia, como animación y como historia de multiversos.
Detrás del éxito de la saga de Holland hay también una historia de negociación corporativa que merece su propio artículo. Sony ejerce el control sobre los derechos cinematográficos en acción de Spider-Man, pero Marvel Studios, cuyo dueño es Disney, tiene el control total sobre los cómics, videojuegos, series animadas, y todo el merchandising a nivel mundial.
Es una colaboración entre dos estudios que en algún momento estuvo cerca de romperse, y que sin embargo produjo la trilogía más rentable del personaje, ya que Homecoming recaudó 879 millones de dólares, Far From Home superó los 1.130 millones y No Way Home llegó a casi 1.921 millones, convirtiéndose esta última en una de las películas más taquilleras de la historia del cine. Esta es la evidencia de la vigencia del joven neoyorquino.
¿Qué sigue después?
Circulan muchos rumores alrededor de Brand New Day. Se habla de una escena post-créditos relacionada con el espacio, de una posible conexión con Avengers: Doomsday y de teorías que involucran a Hulk y la obtención de poderes extraterrenales que Peter Parker no ha tenido antes, todo lo cual puede ser parte de la maquinaria habitual de Marvel para generar expectativas antes del estreno.
Eso sí, también podría ser una de las últimas apariciones de Holland encarnando al superhéroe (el actor declaró que La Odisea es su última, lo que añade un tinte de urgencia emocional que el marketing no necesita generar porque ya existe de por sí sola.
El veredicto final llegará en pocos días, pero está claro que Spider-man sigue más vigente que nunca, gracias a una complicada fórmula que lo ha mantenido vivo a lo largo de su trayectoria en el papel de los cómics, el rollo cinematográfico de los cines y las pantallas digitales que encandilan nuestros ojos.