La princesa que extrañaba el verde. La historia y logística de los jardines flotantes de Babilonia

La princesa que extrañaba el verde. La historia y logística de los jardines flotantes de Babilonia

Max Díaz Por Max Díaz

29 de Diciembre, 2025

Se cree la historia comenzó con un emperador y una princesa nostálgica. Dicen que, cuando el rey Nabucodonosor II se casó con la reina Amitis, ella comenzó a añorar Medos, su tierra florida y de vegetación frondosa, con montañas y selvas. Frente a los suspiros de su esposa, Nabucodonosor II habría mandado a construir jardines flotantes sobre Babilonia, el imperio más importante de la historia antigua que, sin embargo, era una larga explanada de tierra que limitaba con el imperio Medo y el Golfo Pérsico. 

La leyenda dice que la construcción comenzó en el siglo VI a.C., una época en que la arquitectura se relacionaba con el orden cósmico y la legitimidad divina del monarca. Nabucodonosor II era un rey enigmático y próspero, el soberano babilónico más conocido en occidente y ampliamente documentado por historiadores griegos y escritos bíblicos. Dicen que sus logros le hicieron perder la razón hasta que encontró la piedad de Yahvé, y que habría lanzado a un horno a tres jóvenes provenientes de Judea tras negarse a adorar una imagen. Sin embargo, habrían salido ilesos gracias a la protección de un ángel. 

Grabado de Nabucodonosor II.

Grabado de Nabucodonosor II.

Movido por la melancolía de su reina, Nabucodonosor II echó mano de todos sus recursos disponibles para crear los Jardines Flotantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo, y la única sobre la que aún se mantienen dudas sobre su existencia. Mientras se documenta que Alejandro Magno habría encontrado los jardines ya abandonados en el siglo IV a.C., estos no han sido muy documentados en los registros babilónicos, sin embargo, escritos de historiadores y exploradores griegos, como Filón de Bizancio aseguran que eran un lugar que todos los viajeros debían visitar. 

Hoy en día, una investigación liderada por Stephanie Dalley sugiere que la verdadera ubicación podría haber sido Nínive, bajo el reinado de Senaquerib, que habría buscado construir un palacio sin rival y un jardín botánico que fuese una réplica del Monte Amanus, llevando hasta allá todas las variedades de árboles frutales y plantas exóticas del mundo conocido. Una especie de arca de Noé de las plantas. 

Sin embargo, y a pesar de la poca claridad geográfica, todo apunta al mismo lugar logístico: la arquitectura y la capacidad de gestionar y mover materiales como una competencia imperial por la grandeza, donde los recursos eran el indicador del poder del rey.

Para poder entender la logística de un lugar cuya existencia aún está en discusión hay que pensar en los registros de la época. Un factor crucial para la logística de los Jardines Flotantes de Babilonia es la confusión en los nombres de las ciudades. Babylon quiere decir Puerta de los Dioses, y es una palabra que se aplicaba a varias ciudades mesopotámicas. Senaquerib renombró las puertas de Nínive con nombres de deidades babilónicas, sugiriendo que esa ciudad sería una nueva capital. Esto podría explicar por qué los historiadores griegos, que visitaron la región siglos después de la caída del imperio, pudiesen confundir la ubicación de los jardines. 

Nabucodonosor II y Amitis supervisan la construcción de los Jardines Flotantes de Babilonia. Pintura de René Antoine Houasse.

Nabucodonosor II y Amitis supervisan la construcción de los Jardines Flotantes de Babilonia. Pintura de René Antoine Houasse.

Mover un imperio

Fuera de las presuntas ubicaciones y los registros acallados de los jardines, lo cierto es que la construcción de una montaña artificial en las llanuras aluviales de Mesopotamia requería materiales que no se encontraban naturalmente en la región. Si bien la arcilla para los ladrillos era abundante, otros materiales, como las piedras, la madera y los metales debían ser transportados desde otro puntos del imperio. 

Madera de alta resistencia: El Líbano y el Amanus

La madera era un material esencial para construir vigas de soporte, los marcos de las puertas y la construcción de mecanismos de elevación de agua. El cedro del Líbano y el ciprés de las montañas de Amanus eran los materiales preferidos, por su resistencia a la putrefacción y su gran tamaño. 

Según los registros de la época, los reyes mesopotámicos obtenían la madera a través de tributos forzados o expediciones militares. Nabucodonosor II registró movimientos en el Líbano para obtener materiales que se usarían en templos y palacios. Una vez allá, los árboles eran talados con hachas y sierras de bronce, la madera era atada con cuerdas de palma y arrastrada por esclavos y bueyes hasta la costa o la ribera de los ríos en trineos. Allá les esperaban enormes balsas. Gudea de Lagash, un insigne gobernador del siglo XXII a.C. ya mencionaba la formación de balsas de cedro de 27 metros de largo para mover materiales por el río. 

Los troncos bajaban por el Éufrates o el Tigris. Según Nabucodonosor II, durante su reinado se habría construido un camino recto para el transporte de cedros, y se habría utilizado en canal Arahtu, cerca de Babilonia, para hacer que los troncos flotasen hasta el recinto de Marduk. Esta ingeniería demandaba expertos en navegación fluvial y operarios de puerto. Para llegar a Nínive, los troncos se movían por el Tigris y eran almacenados en Ashur antes de llegar a los sitios de construcción. 

Mapa del imperio de Nabucodonosor II. (National Geographic)

Mapa del imperio de Nabucodonosor II. (National Geographic)

La piedra de las zonas aluviales

Mesopotamia quiere decir Tierra entre ríos. Su dependencia de los brazos de agua tenía que ver con la condición semiárida del territorio. Carecían de depósitos de piedras para construcción, algo que demandaban los jardines colgantes, por su necesidad de resistir a la humedad. Dicen que se importaron materiales específicos para construir las enormes jardineras con forma de balcón. En Nínive, el material predominante era el yeso alabastro, conocido como mármol de Mosul

La logística de las piedras requería encontrar minas: se usaron las Habruri y Adia. Los bloques eran trabajados en los mismos yacimientos para reducir el transporte de peso innecesario, dejando capas de virutas en las fachadas que los arqueólogos han identificado como una posible evidencia de la construcción de los jardines. El transporte de los toros alados, enormes estatuas de piedra con cabeza humana, cuerpos de toro y alas de águila, se hacía mediante trineos y enormes balsas que solo podían moverse durante las crecidas de los ríos, en primavera, para garantizar el volumen de agua suficiente para el transporte. 

La ciencia de los materiales en Mesopotamia

Los ingenieros que estaban al alero de Nabucodonosor II debían comprender la durabilidad de los materiales. El uso de ladrillos crudos en una estructura pensada para ser irrigada constantemente habría resultado en una erosión que destruiría toda la flora

Para las áreas expuestas al agua y al desgaste, los mesopotámicos utilizaban ladrillos cocidos en horno. El proceso de cocción los hacía más fuertes, impermeables y porosos, lo que les daba una mejor adhesión con el mortero de betún. El ladrillo cocido solía ser un material reservado para grandes monumentos, por el alto coste que demandaba mantener los hornos encendidos. Algunos de estos ladrillos llevaban el nombre del rey estampado en sus bases: Yo soy Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien hizo esto, aún rezan algunos. 

Ladrillo con inscripción de Nabucodonosor II. (Museo Británico)

Ladrillo con inscripción de Nabucodonosor II. (Museo Británico)

El betún era el asfalto natural para los antiguos mesopotámicos. Un componente que habría sido crucial para la estabilidad de los jardines, utilizado como mortero, adhesivo y sellador. Se formaba con materia orgánica descompuesta debajo de rocas durante millones de años —algo parecido a un combustible de la época—. Se calentaba para condensar los gases y fundirlo, y finalmente se añadían materiales como el ocre para espesar, paja para dar estabilidad y otros aceites para aumentar la viscosidad. 

Para la construcción de los jardines, dicen, se habría aplicado una gruesa capa de betún mezclado con cañas sobre las vigas de las terrazas para crear barreras contra la humedad. 

Si bien se las habían arreglado para que el agua no escapase por los balcones, también debían asegurarse de que el agua de riego no entrase a las habitaciones y galerías por debajo de las terrazas. Para esto, se utilizaba una tercera capa de plomo: ideal por su maleabilidad y resistencia a la corrosión. La metalurgia del bronce también desempeñó un papel clave. Senaquerib menciona haber fundido cobre para sus máquinas de elevación de agua, usando técnicas de fundición a la cera perdida similares a las que se utilizaban en las estatuas. 

Una ingeniería civil milenaria

Los historiadores griegos describían a los jardines flotantes como una serie de terrazas ascendentes que les remitían a los teatros de su propio país. Esta forma habría permitido una distribución eficiente del peso y una gestión óptima de la luz solar para que las diferentes especies de plantas recibieran sus rayos de acuerdo a sus necesidades. 

Copia bajo relieve del Palacio Norte de Ashurbanipal, en Nínive.

Copia bajo relieve del Palacio Norte de Ashurbanipal, en Nínive.

Según Diodoro Sículo, historiador griego del siglo I a.C. que se hizo famoso por sus estudios de los gatos en el antiguo Egipto, los jardines tenían dimensiones cercanas a los 120 metros y una altura que alcanzaba los 25 metros, con soportes de altos y espesos muros y pasadizos de tres metros de ancho. 

Debajo de las terrazas, dicen, se encontraban galerías y bóvedas que recibían luz natural, ya que cada terraza proyectaba una luz tenue sobre la anterior. Estas galerías servían como alojamientos y eran lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de la tierra, los árboles y los volúmenes masivos de agua para la irrigación. A principios del siglo XX, el arquitecto alemán Robert Koldewey habría descubierto, durante sus excavaciones en Babilonia, una serie de cámaras abovedadas, con cimientos masivos de ladrillo cocido y betún, que en un principio interpretó como la base de los jardines. 

La logística hidráulica

El corazón de la operación de los jardines colgantes era su sistema de riego. En un clima que superaba los 40° en verano, un jardín elevado requería de un flujo de agua constante para evitar la deshidratación de las plantas y el agrietamiento de la tierra. Hoy en día, el debate sobre el mecanismo utilizado por los mesopotámicos se centra en el tornillo de agua, un soporte creado siglos antes del famoso tornillo de Arquímedes —un sistema de bombeo—, que habría elevado agua sobre los pozos.

Otra teoría habla sobre la bomba de cadena, un sistema donde una serie de cubetas conectadas en una cadena sin fin eran movidas por una rueda de tracción, pisoteada por hombres. Este mecanismo podía levantar agua a grandes alturas de forma continua, siempre que hubiese mano de obra suficiente. 

Palmera datilera cultivada en el sur de Mesopotamia.

Palmera datilera cultivada en el sur de Mesopotamia.

Sin embargo, en caso de que los jardines estuviesen en Nínive, el agua no habría provenido de una bomba en el río, sino de un sistema hidráulico regional de más de 150 kilómetros de longitud. Este sistema comenzaba en Khinnis, donde se construyeron compuertas automáticas de esclusa para regular los flujos de agua. En palabras más simples: antiguas represas manuales. 

El acueducto de Jerwan podría ser la pieza de ingeniería más impresionante del sistema. Se construyó con más de dos millones de piedras labradas y tenía 280 metros de largo. La estructura incluía muros laterales con contrafuertes y un pavimento de loza sobre una capa de concreto impermeable. 

Los arquitectos y el estado

Bien sabemos que de poco sirve la ingeniería sin personas que la sustenten. Y la construcción de los jardines dependió, en buena parte, de la administración estatal y las jerarquías laborales

Los reyes mesopotámicos financiaban las obras, pero a menudo se involucraban en sus diseños. Senaquerib se describió a sí mismo como un hombre dotado de una inteligencia astuta, una facultad que le habían dado los dioses para construir obras complejas. Los supervisores estaban encargados de instruir a los trabajadores extranjeros en la conducta debida al rey y las deidades. 

Exilio babilónico. Deportación de los hebreos del reino de Judea a Babilonia tras la destrucción del templo de Jerusalén en el siglo VI a.C. Pintura de James Tissot.

Exilio babilónico. Deportación de los hebreos del reino de Judea a Babilonia tras la destrucción del templo de Jerusalén en el siglo VI a.C. Pintura de James Tissot.

La mano de obra se movía por todo el imperio, con esclavos que hablaban diferentes idiomas y dialectos —parecido a un resabio del mito de la Torre de Babel—. Los esclavos solían ser entrenados en oficios específicos, y había canteros, ceramistas y expertos en fundición. Así no solo se aseguraban de que el trabajo fuese de calidad, sino también de que los esclavos tuviesen más valor en el mercado. 

Las raíces son fijas, las plantas no

Para crear una montaña verde en medio del desierto, hubo que exportar exóticas especies de plantas de distintos lugares del reino. Esto implicaba un desafío logístico de preservación y movimientos que podían durar meses. 

Los jardines eran enormes ecosistemas artificiales, y según dicen, su flora se habría seleccionado por su belleza, aroma y utilidad: cedros, cipreses y enebros para imitar los bosques de montaña; higueras, olivos, granados y palmeras, y plantas y enredaderas que colgaban en las terrazas. De ahí vendría el nombre de jardín flotante

Jardines Flotantes de Babilonia. (The Grosby Group)

Jardines Flotantes de Babilonia. (The Grosby Group)

Para mover árboles de gran tamaño, los ingenieros requerían de técnicas que minimizaran el estrés hídrico y el daño a las raíces. Se cavaban masas de tierra proporcionales al tamaño del tronco y se envolvían en arpillera o cañas para retener la humedad. Al final, los árboles eran transportados en balsas de juncos impermeabilizadas con betún. 

Una logística incierta

Si bien aún no se conoce a ciencia cierta si los jardines estuvieron en Babilonia o Nínive, su construcción involucró una cadena de suministro que integraba las canteras del norte, los bosques del Líbano, las fuentes de betún del Éufrates y la metalurgia avanzada de las ciudades imperiales. 

Esto demuestra que los imperios antiguos habían superado las limitaciones de la geografía a través de rutas comerciales y la capacidad de movilizar mano de obra a gran escala. Un nearshoring milenario que se convirtió en ingeniería para las terrazas y sistemas de irrigación. Un monumento que, aunque no se ha encontrado, sigue siendo un canto al alcance de la mano del rey. Una historia sobre una nostalgia, sobre la gloria y el orden presuntamente divino. 

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