Por Procure Latam
17 de Agosto, 2026
La inteligencia artificial, la automatización y las plataformas digitales están
transformando todas las áreas de las organizaciones. Procurement no es la excepción.
Hoy, las compañías cuentan con más herramientas tecnológicas que nunca para
gestionar sus compras, analizar datos y optimizar la relación con proveedores. Sin
embargo, una pregunta incómoda comienza a surgir con fuerza: si existe tanta
tecnología disponible, ¿por qué muchas empresas siguen sin capturar todo el valor que
prometía la transformación digital?
La respuesta no está necesariamente en la tecnología. De hecho, las organizaciones
que lideran en Procurement a nivel mundial no se diferencian por tener acceso a
herramientas distintas, sino por la forma en que estructuran y operan los procesos que
rodean esas herramientas. El reciente CPO Survey Global de Deloitte muestra que las
organizaciones catalogadas como “Digital Masters” obtienen un retorno sobre la
inversión en inteligencia artificial generativa dos veces superior al resto de las
empresas, aun contando con tecnologías similares. La diferencia radica en la
ejecución.
Esta realidad es particularmente relevante para Chile. En los últimos años, muchas
compañías han acelerado inversiones en digitalización, especialmente impulsadas por
la necesidad de aumentar productividad, controlar costos y responder a un entorno
económico más exigente. Sin embargo, en múltiples organizaciones observamos que la
conversación sigue concentrada en qué herramienta implementar, cuando la discusión
estratégica debería centrarse en cómo generar valor a partir de ella.
El problema es que la transformación digital suele abordarse como un proyecto
tecnológico y no como un rediseño operativo. Se automatizan procesos, se incorporan
dashboards, se implementan soluciones de inteligencia artificial, pero las estructuras
organizacionales, los indicadores de desempeño y las responsabilidades permanecen
prácticamente intactos. El resultado es predecible: se gana eficiencia marginal, pero no
necesariamente impacto en el negocio.
Chile enfrenta además desafíos particulares. La volatilidad económica internacional, las
presiones inflacionarias, la necesidad de fortalecer cadenas de suministro resilientes y
la creciente exigencia en sostenibilidad obligan a las áreas de Procurement a asumir un
rol mucho más estratégico. Ya no basta con negociar precios. Hoy se requiere
gestionar riesgos, asegurar continuidad operacional, impulsar innovación junto a
proveedores y generar ventajas competitivas que impacten directamente en los
resultados de la empresa.
En este contexto, uno de los principales obstáculos es la sobrecarga operativa. Incluso
entre las organizaciones más avanzadas del mundo, dos tercios del tiempo de los
equipos de Procurement siguen destinándose a actividades no estratégicas. Es una
paradoja: mientras la tecnología avanza a gran velocidad, el talento continúa
consumido por tareas transaccionales que limitan su capacidad de influir en las
decisiones más relevantes del negocio.
Los líderes que están logrando mejores resultados parecen compartir tres decisiones
fundamentales. Primero, definen con claridad qué deben hacer las personas y qué
debe hacer la tecnología. Segundo, miden el retorno de la operación y no únicamente
el retorno de la inversión tecnológica. Y tercero, separan la gestión transaccional de la
gestión estratégica, permitiendo que sus equipos concentren esfuerzos en actividades
de alto impacto para la organización.
La implicancia para Chile es clara. El próximo salto de productividad no provendrá
únicamente de incorporar más tecnología. Provendrá de la capacidad de rediseñar el
modelo operativo de Procurement para que los equipos puedan dedicar menos tiempo
a procesos administrativos y más tiempo a decisiones que generen valor económico,
mitiguen riesgos y fortalezcan la competitividad de las organizaciones.
La verdadera pregunta para los directorios y equipos ejecutivos no es qué nueva
plataforma comprar durante los próximos años. La pregunta es si la función de
Procurement está diseñada para capturar el valor que esa tecnología ya puede
habilitar. Porque la tecnología se está democratizando rápidamente. Lo que seguirá
diferenciando a las organizaciones líderes será la capacidad de transformar
información en decisiones y decisiones en resultados.
En un escenario donde la productividad se ha convertido en una prioridad nacional y
empresarial, Procurement tiene la oportunidad de dejar de ser visto como una función
de soporte para convertirse en una palanca estratégica de crecimiento. La tecnología
ya está disponible. El desafío ahora es operacionalizarla correctamente.