La ambición de Aristóteles Onassis: de refugiado griego a magnate naviero y ex de Jackie Kennedy

La ambición de Aristóteles Onassis: de refugiado griego a magnate naviero y ex de Jackie Kennedy

Daniel Moreno C. Por Daniel Moreno C.

01 de Junio, 2026

Uno de los multimillonarios más intrigantes del siglo XX: rodeado de lujos, políticos, ex pareja de María Callas y Jackie Kennedy. Una persona que manifestó su destino, alguien que lo perdió todo en su juventud, que lo recuperó con creces y se convirtió en el hombre más rico del planeta. 

¿Tuvo una vida soñada? Muy debatible: varias tragedias personales plagaron su intensa y mediática vida. ¿Tendrías la vida de Aristóteles Onassis?

Nació en 1906 en Esmirna, entonces parte del Imperio Otomano, hoy Izmir, Turquía. Su familia era parte de la minoría griega, acomodada y ligada al comercio marítimo. Su padre, Sócrates Onassis, era un próspero empresario naviero y Aristóteles creció rodeado de privilegios, buenos colegios y una educación poco común para la época: antes de los 16 años ya hablaba griego, turco, español e inglés. 

La primera tragedia llega con la Primera Guerra Mundial y la posterior guerra greco turca: la familia Onassis lo pierde todo. Familiares asesinados, propiedades confiscadas, su padre encarcelado. El conflicto obligó a todos los cristianos griegos a huir con lo puesto al otro lado del egeo. 

El núcleo de Aristóteles sufrió este traumático destino, pero lo que parecía el fin terminó siendo el comienzo de algo más grande. 

Lejos de quedarse filosofando en Atenas, partió en 1923 a Buenos Aires, con apenas 17 años y cerca de 250 dólares en el bolsillo. Argentina atravesaba años de expansión económica y el joven Onassis entendió rápidamente que sobrevivir dependería de algo más que trabajar duro: había que detectar oportunidades antes que el resto.

Su primer empleo fue como operador telefónico en la United River Plate Telephone Company mientras estudiaba comercio y administración portuaria. De día trabajaba, de noche aprendía sobre negocios, aduanas y logística marítima. Según distintos relatos, incluso falsificó su edad en sus documentos para aparentar ser seis años mayor y poder operar legalmente como empresario. Su primer emprendimiento: el tabaco. 

Onassis comenzó importando tabaco turco a Argentina y entendió algo que muy pocos habían visto: fumar entre mujeres comenzaba lentamente a dejar de ser un tabú. Según distintas historias de la época, convenció a la actriz y modelo ítalo-argentina Pelegrina Pastorino de fumar públicamente en restaurantes y eventos sociales de Buenos Aires, ayudando indirectamente a transformar el cigarrillo en un símbolo de sofisticación femenina. El consumo explotó y su negocio también. 

Onassis pensó fuera de la caja de tabacos y vio lo que estaba detrás de todo. El importaba los productos, luego compró barcos para moverlos y finalmente descubrió que el verdadero dinero estaba en el transporte marítimo internacional. Con el tiempo fundó Astilleros Onassis en Buenos Aires y comenzó a construir una pequeña flota propia. 

A los 25 años ya había ganado su primer millón de dólares de la época, ¿nada mal no?

Durante los años 30 expandió agresivamente sus operaciones, abrió oficinas en Nueva York y comenzó a comprar petroleros usados provenientes del ejército estadounidense. Su obsesión era crecer rápido, incluso si eso implicaba asumir riesgos gigantescos. Conseguía préstamos constantemente, muchas veces utilizando contratos futuros como garantía.

Llegó la Segunda Guerra Mundial y esta vez Onassis decidió doblarle la mano al destino. Mientras el mundo se incendiaba, Onassis arrendó sus petroleros a gobiernos aliados y agencias estatales, manteniendo sus barcos operativos mientras gran parte de la industria naviera mundial sufría enormes pérdidas. Su fortuna explotó.

En las décadas siguientes construyó la mayor flota naviera privada del planeta, dominando el transporte mundial de petróleo en plena expansión energética global. Entendió antes que muchos el crecimiento brutal que tendría el consumo energético después de la guerra y apostó agresivamente por petroleros gigantes cuando todavía parecían una locura financiera.

Aunque Aristóteles se convirtió en un emperador oceánico, nadie sabía de él, así que se propuso construir una imagen a la altura. 

Se movía entre Monte Carlo, Nueva York, París y las islas griegas rodeado de políticos, empresarios, artistas y celebridades. Su yate Christina O se transformó en un palacio flotante donde tenía como invitados a Winston Churchill, a los Kennedy y al primer ministro de Grecia, por mencionar a algunos. También compró la isla privada de Skorpios, a la que convirtió en su base y refugio, como Tortuga lo era para los Piratas del Caribe.

En 1957 fundó Olympic Airways, la aerolínea bandera de Grecia, transformándola rápidamente en una de las compañías más modernas de Europa gracias a enormes inversiones en tecnología, entrenamiento y aeronaves de última generación. Si hacemos un recuento, Onassis controlaba barcos, petróleo y aviones. 

La vida del magnate

En un principio, Aristóteles se casó con Athina Livanos, hija de otra poderosa familia naviera griega, con quien tuvo dos hijos: Alexander y Christina. Pero, como era de esperar, había alguien más, una amante difícil de ocultar. 

Maria Callas, una de las cantantes de ópera más famosas del mundo, llamó la atención de Onassis en una gala en 1957 y desde ahí su vida no dejó de estar en el spotlight.

Viajes interminables por el Mediterráneo, fiestas privadas, lujo extremo y una relación emocionalmente explosiva que terminó abruptamente cuando Onassis decidió casarse en 1968 con Jacqueline Kennedy Onassis, viuda del presidente estadounidense John F. Kennedy. No fue menor, el matrimonio paralizó a la prensa mundial. 

La ex primera dama de Estados Unidos pasaba a formar parte del universo Onassis, una mezcla entre poder político, glamour europeo y riqueza descomunal. Sin embargo, la relación rápidamente se deterioró. Onassis se cansó rápidamente del nivel de gastos de Jackie, quien encontraba refugio en compras, viajes y excentricidades que llevaron a que, sumado a que nunca superó su ruptura con Callas,  Aristóteles cayera en depresión.

El golpe de gracia lo encontró volando bajo: en 1973, Alexander, el heredero de su imperio, murió en un accidente aéreo a los 24 años. Onassis jamás logró recuperarse. Debilitado por la vida, falleció a causa de una neumonía en 1975 a los 69 años.

Su fortuna pasó principalmente a manos de su hija Christina y de la Fundación Alexander S. Onassis, creada en memoria de su hijo fallecido y que hasta hoy financia programas culturales, académicos y educativos alrededor del mundo.

Décadas después, Aristóteles Onassis sigue siendo una figura difícil de clasificar. Fue refugiado, inmigrante, empresario, magnate petrolero, dueño de aerolíneas, protagonista de escándalos internacionales y símbolo absoluto de una era donde el poder económico parecía no tener límites.

¿Da para hacer una serie de Netflix, una película de Hollywood?

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