El costo invisible de las crisis: cuando despedir parece la única salida

El costo invisible de las crisis: cuando despedir parece la única salida

Felipe Santelices Por Felipe Santelices

25 de Septiembre, 2026

Por años, cuando las empresas enfrentan períodos de incertidumbre económica, caída en los ingresos o presión por mejorar resultados, la conversación suele llegar rápidamente a una misma conclusión: reducir la dotación. Los recortes de personal aparecen como una de las medidas más inmediatas para disminuir costos y proteger la rentabilidad. Sin embargo, esa decisión suele ignorar una pregunta fundamental: ¿se han agotado realmente todas las alternativas antes de tocar el principal activo de una organización, que son sus personas?

En muchas compañías, especialmente aquellas con estructuras complejas y altos niveles de gasto, existe un espacio significativo para generar eficiencias sin afectar empleos. Ese espacio se encuentra en una función que históricamente ha sido subestimada: Procurement.

Tradicionalmente, las áreas de compras fueron concebidas como unidades operativas encargadas de negociar contratos, emitir órdenes de compra o gestionar proveedores. Hoy, sin embargo, las organizaciones más avanzadas entienden que el Chief Procurement Officer (CPO) cumple un rol mucho más estratégico. Su responsabilidad ya no se limita a comprar mejor, sino a gestionar de forma integral uno de los mayores componentes del costo empresarial.

En muchas industrias, el gasto externo puede representar entre un 40% y un 80% de los costos totales de una compañía. Materias primas, servicios, logística, tecnología, marketing, mantención, transporte, energía y cientos de otras categorías pasan por la cadena de abastecimiento. Incluso pequeñas mejoras en estas partidas pueden tener un impacto económico superior al que generaría una reducción de personal.

Lo paradójico es que, ante una crisis, las organizaciones suelen concentrar sus esfuerzos en reducir costos laborales, que muchas veces representan una fracción menor del gasto total, mientras dejan intactas ineficiencias históricas en contratos, proveedores o procesos de compra. En otras palabras, se opta por una medida de alto impacto humano sin haber explorado completamente otras fuentes de ahorro.

Aquí es donde el CPO puede transformarse en un verdadero salvavidas para la organización.

Una función de procurement madura tiene la capacidad de identificar rápidamente oportunidades de renegociación, consolidar proveedores, revisar especificaciones sobredimensionadas, optimizar inventarios, rediseñar procesos de abastecimiento y capturar eficiencias que permanecen ocultas para otras áreas de la empresa. Además, puede generar visibilidad sobre el gasto, permitiendo a la administración tomar decisiones basadas en datos y no únicamente en la urgencia del momento.

La experiencia demuestra que muchas compañías logran reducir entre un 5% y un 15% sus costos de adquisición mediante programas estructurados de sourcing estratégico. Cuando estas iniciativas se implementan de manera temprana, los ahorros obtenidos pueden convertirse en un colchón financiero suficiente para evitar medidas más drásticas.

Por supuesto, no se trata de afirmar que los despidos nunca serán necesarios. Existen situaciones extremas donde las empresas deben realizar ajustes profundos para asegurar su continuidad. Sin embargo, la verdadera pregunta es otra: ¿los despidos son la primera opción o la última?

Las organizaciones más resilientes entienden que proteger el empleo no es únicamente una decisión socialmente responsable, sino también una decisión económicamente inteligente. Desvincular talento implica perder conocimiento, deteriorar la cultura organizacional, afectar la productividad y generar incertidumbre entre quienes permanecen. Reconstruir esas capacidades cuando el ciclo económico mejora suele ser mucho más costoso que haberlas preservado.

Por eso, en tiempos complejos, el rol del procurement adquiere una relevancia extraordinaria. Un área de compras estratégica no solo protege los márgenes de la compañía; también ayuda a proteger a las personas. Puede entregar el tiempo y los recursos necesarios para que una organización atraviese la tormenta sin recurrir prematuramente a reducciones de personal.

En un contexto donde la eficiencia es una prioridad para todas las empresas, quizás la pregunta ya no debería ser cuántas personas podemos dejar ir, sino cuánto valor aún somos capaces de capturar de nuestro gasto externo antes de llegar a esa decisión.

Porque, en definitiva, las mejores áreas de compras no solo generan ahorros. En los momentos más difíciles, también ayudan a preservar empleos. Y ese puede ser, quizás, el indicador más importante de su aporte estratégico.

 

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