Por Max Díaz
09 de Febrero, 2026
Probablemente todos hemos oído hablar del juramento hipocrático, la promesa médica de seguir los principios fundamentales de la disciplina: actuar para beneficio del paciente, evitar el daño, respetar la confidencialidad, no administrar venenos y mantener la pureza profesional. El juramento lleva ese nombre por el médico griego Hipócrates, el autor del Codigus Hippocraticus, el primer gran tratado sobre la práctica de la medicina. En una parte de su texto, Hipócrates habla de la delgadez como una señal de equilibrio corporal. Para el primer gran médico, la obesidad delataba falta de enkrateia —conocida por nosotros como autocontrol—, y un desequilibrio en los humores. Además, un cuerpo esbelto se convertía en una virtud cívica, pues le daba a las personas las condiciones necesarias para el entrenamiento atlético y la guerra.
Conforme fueron avanzando los siglos y la cultura, nos fuimos encontrando con otros significados de los distintos estados físicos. Los monjes y ascetas que se retiraban al desierto hacia el siglo 3 d.C., por ejemplo, veían en la privación una virtud, y un cuerpo delgado seguía siendo muestra de disciplina y compromiso; mientras que, hacia la Edad Media, los reyes demostraban su estatus y abundancia a través de un cuerpo gordo. Hoy, ya asentados en el siglo XXI la delgadez, podríamos decir, se ha establecido como uno de los símbolos más transversales de la belleza o, al menos, alguna especie de armonía.
La historia del Ozempic es la de la búsqueda ansiosa por encontrar esa presunta armonía. Uno de los medicamentos más populares del mundo en este momento, que ha estado redefiniendo las cadenas de suministro en los últimos tres años, y que comienza a ver el mercado plagado de versiones piratas y sucedáneos, comenzó mirando reptiles en el desierto.

Grabado de Hipócrates, el padre de la medicina, en un relieve de mármol del siglo V a.C.
Décadas antes de que Elon Musk revelara en un tuit que estaba utilizando Wegovy —la versión de Ozempic aprobada para perder peso— y eso disparase las ventas y las búsquedas en internet por todo el globo, los científicos se dedicaban a estudiar en el desierto. Allí, al suroeste de Estados Unidos y al norte de México, observaron los mecanismos evolutivos del monstruo de Gila, un pequeño reptil manchado que posee una capacidad metabólica increíble. Los científicos sabían que podía comer, apenas, de cinco a diez veces al año, procesando grandes cantidades de energía sin sufrir las fluctuaciones glucémicas que matarían al común de los vertebrados.
Es la década de 1980, y las investigaciones identifican que el veneno del monstruo de Gila contiene una proteína, la exendina-4, que resulta ser muy similar con el péptido humano GLP-1. El GLP-1 es una hormona que el cuerpo libera tras la ingesta de alimentos para estimular la secreción de insulina y regular el apetito. El GLP-1 humano, sin embargo, tiene una vida media de apenas unos minutos. El del monstruo de Gila, en cambio, resulta ser resistente a la degradación, dándole una nueva ventana a la ciencia: una base biológica para tratamientos de larga duración.
Hubo una evolución considerable desde esa inspiración biológica hasta la fabricación del Ozempic. A lo largo de las décadas hubo que refinar métodos y pruebas mediante tecnología de ADN, sumando, además, células de Saccharomyces cerevisiae, un tipo de hongo usado en el pan, la cerveza y el vino.

El monstruo de Gila puede comer entre cinco y diez veces al año.
Fue durante estas pruebas que los investigadores de Novo Nordisk llegaron a fabricar una molécula con una homología del 94% respecto al GLP-1 humano. Sin embargo, esta nueva versión tenía modificaciones críticas: su nueva estructura permitía que la molécula extendiera su vida media lo suficiente como para que solo se necesitase una administración semanal.
El Ozempic parecía ser, antes que todo, un fármaco especializado y milagroso para la diabetes. Sin embargo, durante los ensayos clínicos, se evidenció que su mecanismo de acción sobre el hipotálamo —la región del cerebro que regula el hambre— provocaba una reducción drástica en la ingesta calórica. La explicación que encontraron fue asegurar que el Ozempic acallaba el ruido alimentario, esa necesidad de comer por reloj biológico, ansiedad o aburrimiento. Adiós al deseo de comer sin hambre. Esto llevó a los sujetos de prueba a perder hasta un 15% de peso. Y la información no tardó en llegar a las esferas públicas, donde las celebridades desencadenaron una demanda global que superó cualquier previsión inicial.
Pronto, también comenzaron a levantarse alertas sobre el uso no supervisado del Ozempic: desde pérdida de la grasa facial que parecía envejecer a las personas, hasta pancreatitis y parálisis estomacal, pasando por intensas náuseas ocasionales. Sin embargo, eso no pareció cambiar la conducta de consumo que, desde un principio, parecía fatigar la cadena de suministro.
La industria farmacéutica opera bajo modelos de alta intensidad en investigación y desarrollo. Por lo general, el camino desde el descubrimiento básico hasta la comercialización masiva supera la década, y requiere inversiones de miles de millones de dólares. En el caso del Ozempic, su irrupción en la cultura popular fue acelerada por las redes sociales y las celebridades, provocando un desequilibrio entre la oferta y la demanda.

Elon Musk es el primer famoso al que se le atribuye la popularidad del Ozempic gracias a este tweet.
Los primeros afectados fueron los pacientes con diabetes, que experimentaron lo que era el desabastecimiento crítico. Sin embargo, también llegó hasta la médula de las industrias: tuvieron que acelerar la producción de versiones específicas para tratar la obesidad, como Wegovy, que utiliza la misma molécula, pero en dosis superiores. Desde entonces, las cadenas de suministro se han llenado de sucedáneos de alta eficacia. La tirzepatida, comercializada por Eli Lilly como Mounjaro y Zepbond, ha propuesto un nuevo enfoque químico: su medicamento actúa sobre los receptores GLP-1 y GIP, llegando a reducciones de peso de hasta el 24%.
Pero la seguridad y la gestión de riesgos son críticas hasta para el Ozempic. A medida que su escasez global avanza, el mercado de medicamentos compuestos y falsificados se ha acelerado. La FDA ha emitido alertas sobre unidades de Ozempic falsificado que circulan en cadenas de suministro legítimas, resaltando cómo la infraestructura de distribución se puede ver vulnerada ante la demanda mediática.
También ha hecho que muchos nos preguntemos: ¿qué hay, realmente, detrás del Ozempic?
La cadena de suministro del Ozempic es un entramado complejo. Demanda la sincronización de commodities críticos, procesos de fabricación aséptica y una logística de transporte que no puede experimentar ni una desviación térmica.
Antes de hablar del contenido, hablemos del dispositivo que lo administra. Ese pequeño lápiz con la aguja, popularmente conocido como pen, es un producto de ingeniería avanzada en sí mismo. Se hace a partir de vidrio de borosilicato, que ofrece una resistencia química superior y aísla sus propios materiales de la proteína, garantizando estabilidad incluso frente a un almacenamiento prolongado. Está hecho, además, de polímeros de grado médico en su interior y sus mecanismos de dosificación. La precisión de su mecanismo es vital para que los pacientes reciban la dosis exacta. Cuando llega el momento de inyectar, la responsabilidad pasa a estar en el acero inoxidable y la silicona para fabricar las agujas de calibre ultra fino, que garantizan inyecciones subcutáneas indoloras.

Pen de Ozempic.
Por último, viene la producción del API, una solución biológica que requiere fermentación de levaduras bajo medios de cultivo específicos y que se hace a través de una compleja infraestructura de biorreactores. En un principio, Novo Nordisk creyó que su base crítica de reactores debería ser menor, sin embargo, al día de hoy la están expandiendo agresivamente.
No es ningún secreto que para construir un medicamento de este nivel de complejidad, los lead times y el cumplimiento de los proveedores sean críticos. Para mitigar los cuellos de botella en su producción, Novo Nordisk ha emprendido un plan de inversión masivo que supera los 11,000 millones de euros. La estrategia se centra en una adquisición estratégica a través de la farmacéutica Catalent. Con esto, la compañía ha aumentado su capacidad operativa y asegurado un flujo constante hacia los mercados con mayor demanda. Su cadena de suministro pasa por Dinamarca, Estados Unidos, Brasil, Bélgica e Italia. En cada uno de estos lugares se producen y manufacturan materiales, se llenan las inyecciones, se hacen acabados asépticos y se revisan las normas para salir al mercado.
Muchas personas creerán que este modelo es poco práctico, sin embargo, cuando se trata de medicamentos, no es raro que las cadenas de suministro sean así de complejas y tengan esa cantidad de participantes. Las dificultades de la elaboración del Ozempic radican en la estabilidad de la proteína. Durante los procesos de manufactura, cualquier factor, como estrés mecánico o variaciones térmicas, pueden influir en el péptido. Y una sola molécula intervenida podría comprometer la seguridad inmunológica del producto.
No es ninguna sorpresa que el Ozempic sea extremadamente sensible a la temperatura. Antes de su primer uso, debe mantenerse entre los 2°C y los 8°C. Si se congela, la estructura de las proteínas se destruye y el fármaco pierde su eficacia y se convierte en basura.

Antes de su primera aplicación, el Ozempic debe mantenerse entre los 2°C y los 8°C.
Esta restricción térmica define toda su logística internacional. Para mover el Ozempic, se utilizan embalajes avanzados de frío pasivo, que permiten mantener el rango de temperatura hasta por 72 horas sin la necesidad de energía externa. También se le integran sensores de temperatura en tiempo real y dispositivos de monitoreo, para que los operadores logísticos puedan detectar desviaciones.
Cuando llega a la logística de última milla, una vez que el pen está en uso, puede conservarse hasta los 30°C por 56 días.
Para asegurar la eficacia del movimiento del Ozempic, su transporte es predominantemente aéreo. Así se garantiza la velocidad para minimizar el tiempo de exposición en tránsito. Aunque los principales nodos logísticos están en Europa Occidental y EE. UU., mercados como China, el Sudeste Asiático y Latam comienzan a demandar una infraestructura cada vez mayor de almacenamiento especializado.

Oprah Winfrey ha sido una de las celebridades que reveló estar usando Ozempic.
Hoy, la logística farmacéutica enfrenta el reto de la serialización y la seguridad. Para combatir la falsificación, cada caja del medicamento cuenta con un código único y dispositivos de seguridad no manipulables.
La irrupción de los medicamentos GLP-1 está provocando un cambio en la salud pública, las nociones de belleza y la economía del consumo. La capacidad de Ozempic para modificar las preferencias en las alimentación está forzando a las grandes empresas alimentarias a replantear sus estrategias de producto.
Se proyecta que, para el 2030, los usuarios de medicamentos GLP-1 representen un 35% de todas las ventas de alimentos y bebidas en Estados Unidos. Un grupo de consumidores prácticamente nuevo e impredecible que, sin embargo, parece arrojar algunas luces de lo que prefiere. Reducen su consumo de calorías vacías, como snacks y ultraprocesados; priorizan la densidad nutricional, buscando comida rica en fibras y proteínas; y aceptan porciones reducidas. Parecía que el mercado de la comida rápida era indestructible. Al menos hasta ahora.

Dicen que el consumo de medicamentos como el Ozempic está redefiniendo las conductas alimentarias.
El mercado global del GLP-1 se valoró en, aproximadamente, 62,830 millones de dólares en 2025, con proyecciones que alcanzarían los 154,190 millones para 2034. Los analistas del sector de la salud creen que este crecimiento terminará por demandar una expansión proporcional de la capacidad logística refrigerada. Y puede que el mercado logístico para el sector de la salud pase de los 45,000 millones en 2025 a los 83,000 millones en 2033.
Sin embargo, a esta evolución del suministro médico aún le queda mucho que avanzar. La transición hacia los ozempics orales, como el Rybelsus y otras pastillas de administración diaria, podrían aliviar la presión sobre la cadena de frío y los dispositivos inyectables. Esto quiere decir dos cosas: la primera es que, esperemos, no se estén haciendo esfuerzos estériles por mejorar la logística del frío. La segunda es que la administración oral presenta sus propios, enormes, desafíos de biodisponibilidad, trasladando la presión logística hacia otras materias primas químicas y biológicas.

Rybelsus es una de las opciones no inyectables del medicamento.
El Ozempic se ha convertido en un motor macroeconómico impredecible. Primero fue una investigación en el desierto, luego un medicamento para la diabetes y, hacia el final, un tratamiento milagroso para perder peso. Hoy, su suministro intenta cubrir la demanda y escalar su supply chain al mismo ritmo que las multitudes piden Ozempic, recordándonos que, en ocasiones, las infraestructuras resilientes y escalables se generan a partir de procesos cambiantes y sorpresivos, tanto como el comportamiento de la molécula según la temperatura que la rodee, o las ideas de turno sobre la belleza que estén dominando al mercado.
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