El billboard era enorme y completamente azul, con las letras amarillo mostaza que definían a Blockbuster. En él, un muchacho con una camiseta del videoclub más famoso del mundo sostiene un teléfono. La frase dice Netflix has an algorithm, we have a callgorithm. Un juego de palabras que podría traducirse como Netflix tiene un algoritmo, nosotros tenemos un llamaritmo. Blockbuster se refería a que el match digital de Netflix no era la gran cosa. Los clientes de Blockbuster, en cambio, podían llamar a la empresa y obtener una recomendación más cercana y dirigida. A más de veinte años de impreso el anuncio, y tras la quiebra la gran silueta del VHS azul, la imagen se sigue tomando las redes sociales y los ejemplos de resiliencia operativa e innovación, dando cuenta de un error que quedó para siempre en los registros de la historia corporativa.
Es una mañana de 1997 en Los Gatos, California. Reed Hastings y Marc Randpolph ya han comenzando a hablar sobre los problemas del saturado mercado de alquiler de videos. Observan cuellos de botella logísticos fundamentados, principalmente, en la fricción física de los VHS. Hastings y Randpolh se proponen crear un videoclub más ambicioso, uno centrado en la optimización de la última milla, que utilice el United States Postal Service (USPS) como su red de distribución primaria, haciendo que los DVDs puedan viajar por el país usando la infraestructura postal nacional.

El principal motivo para no mover VHS por Estados Unidos es la inviabilidad del sourcing de transporte y el peso volumétrico de los casetes. El VHS es un objeto enorme y costoso de enviar, lo que representa una barrera de entrada insuperable para un modelo de suscripción basado en la agilidad. El DVD, ligero y plano, permite a la empresa eludir los altos costos de flete y aprovechar las tarifas de primera clase del USPS, revelando una visión donde el soporte físico se convierte en un vehículo transitorio para una infraestructura de información subyacente que, décadas después, prescindiría totalmente de la materia.
La premisa es tan sencilla como ambiciosa: películas en la puerta de tu casa a cambio de una suscripción mensual. Eso es lo que los clientes ven en la superficie, sin embargo, la infraestructura demanda un sistema de flujos intrincados, donde la resiliencia se convierte en la base de la marca.
La red subyacente de Netflix se basó, en un principio, en la integración con el sistema postal nacional. En el apogeo de sus envíos por correo, la gran N roja se convirtió en el cliente más significativo del USPS, llegando a representar el 1.3% de todo el volumen de correos en los Estados Unidos durante el año 2009. En ese entonces, los detractores del modelo de negocio de Netflix veían una dependencia inquietante; sin embargo, detrás de esta dependencia se revelaba una sinergia entre un modelo de envíos existente y una compañía dispuesta a usarlo. Los equipos de suministro, compras y logística de la empresa de Hastings y Randolph se dedicaron incansablemente al perfeccionamiento de los paquetes con DVDs, para maximizar la eficiencia del flujo y minimizar los recargos por manejo manual.
Crearon un sobre que trascendió a la estética y se convirtió en una pieza de ingeniería de costos. Para saltarse los recargos por no maquinable —que podían llegar hasta los 20 centavos por pieza—, el sobre debía cumplir con estándares estrictos: un peso máximo de 3.5 onzas para la tarifa de primera clase, un grosor mínimo de 0.007 pulgadas para el procesamiento automático y una suavidad superficial de al menos 190 Sheffield Units para minimizar la fricción en los rodillos de clasificación. Informes de la Inspección General del Servicio Postal revelaron que los sobres originales causaron costos adicionales de 42 millones de dólares en dos años por sus bordes delanteros sueltos, una característica que provocaba atascos cuando el disco se desplazaba dentro del sobre durante el tránsito. Para mitigar estos costos y acelerar los lead times, Netflix implementó una estrategia de logística inversa donde la propia empresa transportaba los sacos de correo directamente a los centros postales regionales (SCF). Esta operación, valorada en un ahorro indirecto de 100 millones de dólares anuales para el USPS, fue la demostración de una gestión de proveedores donde la empresa asumía tareas del operador logístico para garantizar la promesa de entrega de 24 horas.
Quienes trabajan en logística saben que, en la mayoría de los casos, facilitarle la vida a los usuarios implica crear un sistema robusto y de alta precisión. Para gestionar el volumen de más de 1.5 millones de discos diarios, Netflix desplegó una flota de máquinas denominadas ARRM 3660 (Automated Rental Return Machine). Diseñada por Bronway, con 6,500 piezas individuales. Esta máquina automatizó el triaje y re-procesamiento mediante cortes neumáticos, extracción robótica con ventosas y una inspección óptica de alta resolución que verificaba la integridad del disco en milisegundos.

Reed Gasting y Marc Randpolh crearon Netflix en 1997. Foto: Founderoo.
El proceso permitía que un solo operario gestionara lo que anteriormente requería el trabajo manual de cinco personas. Los almacenes se transformaron en centros de procesamiento industrial que iniciaban operaciones a las 2:00 AM para asegurar que los discos estuvieran integrados al sistema de gestión de almacenes (WMS) y listos para la entrega postal de la mañana. La escala masiva en la cadena de suministro física requirió la eliminación sistemática de la intervención humana en los puntos de contacto repetitivos para mantener la competitividad del margen, demostrando el impacto positivo de la automatización temprana.
La resiliencia de Netflix se puso a prueba en agosto de 2008, cuando una corrupción masiva en su base de datos Oracle detuvo por completo los envíos de DVDs durante tres días. Este evento reveló que el modelo de centros de datos propios era incapaz de escalar a la velocidad del streaming con el que ya comenzaban a trabajar. La decisión de migrar a Amazon Web Services (AWS) en 2009 representó un acto de “coopetición” sin precedentes, entregando la infraestructura a un competidor directo para ganar elasticidad en el suministro de servicios digitales.
La transición hacia la nube duró siete años y se fundamentó en una re-arquitectura de microservicios independientes. Implementando herramientas como Cassandra y Data Lakes en S3, Netflix alcanzó una visibilidad end-to-end que le permitía absorber fallos locales sin colapsar la experiencia del usuario global. La adopción de la ingeniería del caos a través del “Simian Army”, y su herramienta Chaos Monkey, permitió prever disrupciones apagando deliberadamente instancias de producción, construyendo sistemas autocurativos que garantizan una disponibilidad del 99.99%.
Aunque hoy en día el DVD parece demasiado anacrónico, y al pensar en Netflix pensamos en una plataforma antes que en un servicio postal, los envíos de películas por correo siguieron hasta el 2023, año en el que la empresa apuntó a que la demanda era demasiado baja, y no valía la pena mantener los costos operativos nostálgicos.

Los envíos de DVDs por correo se mantuvieron hasta 2023.
Desde 2007, año en el que se lanzó el servicio de streaming como un pequeño añadido para los suscriptores, la demanda digital no hizo más que crecer. Tras la primera gran migración, y con AWS gestionando la lógica del negocio, la entrega física de los bits de video se fundamentaba en Open Connect, una red propia de distribución de contenido lanzada en 2012 para evitar los costos insostenibles de CDNs de terceros.
Netflix ha invertido más de 1,000 millones de dólares en distribuir gratuitamente más de 18,000 servidores Open Connect Appliances (OCA) en 175 países. Estos dispositivos, equipados con procesadores AMD EPYC, hasta 360 TB de almacenamiento en estado sólido y discos duros, y sistemas operativos FreeBSD optimizados, se instalan directamente en los centros de datos de los proveedores de servicios de internet (ISPs). La inteligencia de esta red emana de algoritmos de popularidad que predicen el consumo regional, descargando archivos durante ventanas de llenado nocturnas. Esto permite que el 90% del tráfico se entregue mediante conexiones directas locales, reduciendo drásticamente la carga en los enlaces internacionales y fundamentando la eficiencia de costos que protege el margen operativo.
La cadena de suministro de contenido ha experimentado una integración vertical agresiva. La transición hacia los “Netflix Originals” en 2013 fue más una apuesta que una decisión artística. Frente a la inestabilidad de los acuerdos de licencia y la escasez estratégica provocada por Disney o Warner, el siguiente gran paso de Netflix fue convertirse en productora. El modelo cost-plus, donde Netflix financia el 100% de la producción más un margen de beneficio a cambio de los derechos globales en perpetuidad, le permite eludir la escalada de costos externos y asegurar activos de capital permanentes.
En este contexto, México se ha consolidado como el centro neurálgico de las operaciones para el mundo hispanohablante. En febrero de 2025, la compañía anunció una inversión de 1,000 millones de dólares en producción local para el periodo 2025-2028. Esta apuesta se fundamenta en la madurez de la cadena de suministro audiovisual mexicana, que contribuye con 3,000 millones de dólares anuales a la economía nacional. Proyectos como la adaptación de la inmortal novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, han revelado un impacto tangible, aportando 375 millones de pesos al PIB y dinamizando sectores auxiliares como la logística y el turismo. Esta estrategia permite mitigar riesgos mediante alianzas locales que reducen los tiempos de negociación de 18 meses a solo 8 semanas.

“Pedro Páramo” ha sido una de las grandes apuestas locales que integran a Latinoamérica. Foto: Netflix.
La evolución de Netflix revela que la resiliencia se fundamenta en la agilidad para canibalizar el propio modelo de negocio. El éxito de esta transición se revela en tres pilares: transformar gastos de capital en operativos mediante la nube; desplazar el inventario al punto de consumo con Open Connect, y utilizar la integración vertical para defender el margen frente a la volatilidad de los proveedores.
Al final del día, la lección de Netflix parece ser más logística que tecnológica. La verdadera ventaja competitiva estuvo, desde el principio, en la infraestructura invisible que elimina la fricción. Y la desaparición del DVD físico, lejos de eliminar la cadena de suministro, la hizo más densa y dependiente de una ingeniería que entiende que el bit, al igual que el sobre rojo, es solo un vehículo para la atención del consumidor. El dominio del mercado emana de la capacidad técnica para asegurar que el suministro siempre gane la batalla antes de que el usuario presione play.
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